El frágil pilar fundamental del Estado.

Usted como lector, imagine que dispone del tiempo necesario para asistir a una conferencia de una novela del escritor de ese “Best Seller” que tanto le gusta. Ese libro que descansa ubicado en la esquina de la segunda balda de su repisa favorita. El escritor, cuando se dispone a sentarse para dar la ponencia en la butaca central frente a la sala, la cual se haya abarrotada, desenvaina un arma de fuego, de forma similar al conocido Coronel de la Guardia Civil en el Congreso de los Diputados una mañana de 1981, y dispara al aire al grito de “¡¡No se muevan!!”.

Podríamos observar en el público, visiblemente inmóvil, como empalidecen los rostros por el miedo y el terror. Acto seguido, nuestro “escritor golpista” confiesa que ese artefacto detonante y autoritario, es una mera simulación, el arma de fuego, es inofensiva, las detonaciones, de fogueo. Probablemente, nos acordemos de algún familiar del autor, aunque lo más característico es que el pánico sufrido por el público asistente se disipe, las sonrisas florezcan, la monotonía vuelva, dando lugar a los comentarios más variopintos entre los oyentes, dejando de lado la tensión y la frustración. Si nos detenemos en el hecho provocado por el novelista, la percepción de los asistentes, más allá del miedo, se traduciría en un sentimiento de inseguridad e injusticia. Es importante, hacer una pausa e intentar interiorizar ese término, injusticia y, por ende, su antónimo, “justicia”.

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